
El último gran guerrero. Maestro de Hatsumi Sensei y raíz viva del linaje que hoy custodia el Tenryû Dōjō.
El niño que se volvió guerrero
Takamatsu Toshitsugu nació en Akashi el 10 de marzo de 1887 y partió el 2 de abril de 1972, a los ochenta y cinco años. De joven fue conocido como Jutarō; más tarde adoptó el nombre Toshitsugu, escrito con los mismos ideogramas de su nombre de nacimiento.
Su padre soñaba con verlo militar, pero el pequeño Takamatsu era tímido y llorón, sin aparente vocación guerrera. Fue entonces cuando su abuelo, el maestro Toda Shinryūken Masamitsu Sensei, aconsejó que la práctica marcial forjaría en el niño la fortaleza y la seguridad que le faltaban. Desde aquel día, cada noche al salir del colegio, Takamatsu era enviado al Dōjō de Shinden Fudō Ryū.
El forjado del acero

Su abuelo, director del Dōjō, lo tomó directamente bajo su guía. Durante casi un año, el joven Takamatsu sirvió como uke —el que recibe los ataques— para los demás estudiantes. Aun cuando la sangre brotaba de sus codos y rodillas, nadie lo consolaba. Solo después de aquel año de prueba comenzó a aprender sus primeras técnicas. A los trece años ya había recibido el Menkyo Kaiden, la licencia de transmisión completa de Shinden Fudō Ryū. Después vendrían muchos otros estilos, todos de manos de su abuelo.
Los maestros que lo formaron
En 1900 ingresó en la escuela inglesa de George Bundow y en la Escuela China de Clásicos, en Kobe, y pasó a formar parte de la Takagi Yōshin Ryū. Cuatro años más tarde, un hombre célebre por su maestría marcial llegó a la fábrica de fósforos de la familia: Ishitani Matsutarō Takekage, que caminaba apoyándose en un viejo bokken. Trabajando como jefe de seguridad, Ishitani transmitió a Takamatsu los secretos de Kukishin Ryū, Hontai Takagi Yōshin Ryū, Gikan Ryū Koppōjutsu y Shinden Fudō Ryū. El viejo maestro murió dos años después, en los brazos de su discípulo. La familia Kuki concedió a Takamatsu el permiso para formar su propia transmisión de las artes Kukishin, que denominó Kukishinden Ryū.
Las batallas de China
Ya formado, Takamatsu partió hacia China para probar su técnica en el mundo real. Allí vivió combates que se volvieron leyenda. En una ocasión, perseguido por un soldado a caballo y desarmado, vio una espada en el suelo: corrió, rodó, la tomó y la lanzó contra su atacante. En otra, atacado por bandidos en las montañas, uno de ellos lo sujetó por la cintura y, de pronto, cayó al suelo cubriéndose el rostro. Takamatsu diría después que no supo lo que había ocurrido, solo que sintió algo húmedo y caliente en su mano: al abrirla, encontró un ojo. Acto seguido, socorrió al bandido y le prestó los primeros auxilios. Tal era la medida de su espíritu.
El Dios viviente
Hacia 1919 regresó definitivamente a Japón. Se retiró al monte Hiei, en Kyoto, donde se hizo monje budista. Tiempo después fue nombrado sacerdote en un templo de Yamato Kōriyama, y su labor fue tan noble que la gente llegó a llamarlo «el Dios viviente». Reconocido nacionalmente como maestro de Jūjutsu y Bōjutsu, presidió también la Asociación de Artes Marciales para los jóvenes japoneses.
Fue, además, asesor técnico de la película Shinobi no Mono (1962), dirigida por Satsuo Yamamoto, una obra basada en la historia del final del Sengoku Jidai que retrató con fidelidad el mundo de los Shinobi.
La disciplina hasta el final
Su vida en Japón fue simple y disciplinada. Comprendía que un Shinobi debe cultivar una actitud mental que no se somete ante ninguna adversidad, manteniendo el cuerpo sano y sabiendo cuidarlo. Por eso, cada día, perseveraba en el ejercicio de frotar su cuerpo con una toalla y agua fría —el Reisui Masatsu—, fiel a su templanza hasta el final.
La transmisión que llega hasta hoy
Al cabo de los años, Takamatsu Sensei encontró a Masaaki Hatsumi, el discípulo que mantendría vivos sus conocimientos hasta nuestros días. De aquel encuentro nació la cadena que aún respira: de Takamatsu a Hatsumi, y de Hatsumi a miles de alumnos alrededor del mundo. Cada técnica que hoy se practica en el Tenryû Dōjō es un eco de aquel niño tímido de Akashi que se convirtió en el último gran guerrero.

