Ninjutsu

El arte de las sombras

Entretejida en la rica tradición cultural, política y religiosa japonesa, encontramos la leyenda de un arte increíble de combate y estrategia: el Ninjutsu. Se cree que la Togakure Ryū de Ninjutsu —de la cual Hatsumi Sensei es el 34.º heredero o Sōke— fue fundada por Daisuke Togakure en el período de Ōhō (1161-62), quien fue entrenado por Kagakure Dōshi.

Una ciencia de la eficacia

El Ninjutsu floreció durante el tumultuoso período de la historia japonesa que abarca los siglos XIV al XVII, alcanzando tal perfección que se convirtió en una ciencia que incorporaba sofisticadas técnicas de guerrilla, estrategia y desarrollo espiritual. De estos métodos «indirectos» de combate surgió la leyenda de los Ninja, o Shinobi no Mono, los guerreros de las sombras.

Los Ninja preferían la serenidad, la astucia y la audacia antes que la fuerza bruta. La sugestión sustituía a la fuerza; el ingenio reemplazaba a la confrontación directa. Esta forma de proceder era característica del Ninjutsu, basada en misiones de mínimo gasto energético, máxima eficacia y el menor riesgo posible.

Fuera del código rígido

Los Shinobi solían pertenecer a clases populares situadas por fuera del alto estatus social de los Samurái, y por ello quedaban libres del rígido código del Bushidō. Con el tiempo, muchos evolucionaron hasta ofrecer sus conocimientos de combate y estrategia como especialistas al servicio de distintos señores, de un modo comparable al del Rōnin.

La transmisión del espíritu

Al igual que el resto de las artes marciales tradicionales, el Ninjutsu se transmitió por vía familiar, de maestro a discípulo, legando tanto el combate como la estrategia. Su sistema de transmisión escrita fue el Torimaki o Densho: un pergamino con explicaciones y dibujos, siempre muy escuetos, lo que hizo indispensable la enseñanza oral de las técnicas —el Kuden—.

Pero quizás la forma más importante de transmisión fue la del espíritu de cada técnica, distinto en cada escuela. Este concepto se denomina Shinden: la transmisión de corazón a corazón.

Muchos sistemas de combate se perdieron a lo largo de los siglos, y otros se transformaron en simples deportes de contacto. Los que sobrevivieron cayeron, muchas veces, en manos de discípulos excepcionales que los hicieron perdurar en el tiempo. Esa cadena viva de transmisión es la que hoy custodia el Tenryû Dōjō.